Les traduzco la carta:
Somos agnósticos viviendo en el corazón de Texas y nuestra familia finge su cristianismo por razones sociales. No es en realidad por mi marido o por mi si no por nuestros pequeños hijos. Encontramos por experiencia que si decimos la verdad sobre no atender a la iglesia, las citas para jugar se acaban. Por lo tanto, comenzamos a fingir nuestra religiosidad.
Aparenta ser ridículo, pero es algo muy serio acá abajo. No vamos a la iglesia o no le enseñamos a nuestros hijos cual creencia es "mejor" que otra. Los exponemos a todo tipo de creencia y confiamos que algún día estos se asentaran en su propia espiritualidad. Sin embargo, por el bienestar de nuestras amistades y vecinos, pretendemos ser Cristianos. Intentamos no mentir, prefiriendo no proveer mucha información. A medida que los niños crecen, es difícil para ellos y es inminente que nos descubran.
No somos los únicos. Hemos encontrado que hay muchos mas "mentirosos" como nosotros. Me encantaría si pudieras estudiar este fenómeno en tu libro futuro.No me sorprende la situación de esta familia. Como mencioné en mi escrito de ayer, la religión crea barreras que nos separan y nos clasifican en "ellos" y "nosotros". Una vez una familia fundamentalista Cristiana descubre que sus amigos son "ellos" y no parte de "nosotros", se destruye esta amistad. El ser humano es un ser social y el miedo a ser juzgado afecta nuestro comportamiento grandemente. En el ámbito religioso, la presión cultural y social es muy fuerte y se tiene que estar considerando si tus acciones están siendo observadas y si tus compañeros de la iglesia te van a juzgar de mala forma, eliminandote de su lista de amigos. Estas presiones son una de la razón principal por la cual los homosexuales se ven forzados a esconder su realidad, por miedo a ser rechazados.
Consideren el siguiente estudio, que se llevó a cabo en 30 iglesias holandesas. En estas, tradicionalmente, la colección se llevaba a cabo en bolsas cerradas que se pasaban de persona en persona. El investigador, Adriaan R. Soetevent, cambió las cosas y al azar, intercambió las bolsas cerradas por canastas abiertas de colección por un periodo de varios meses.
El propósito del experimento era ver si este cambio afectaba la cantidad de dinero que las personas daban a la iglesia. La hipótesis era que las canastas abiertas permite a las personas sentadas al lado tuyo ver cuanto dinero estas dando y esto pone presión en las personas a donar más por miedo a ser juzgadas y criticadas. Además, te permite a ti ver cuanto puso tu vecino, y puede influenciarte a poner más por las mismas razones.
El resultado no es sorprendente. Las canastas abiertas hicieron que las personas donaran más dinero y menos monedas de denominación pequeña, comparado con los días que se usaban bolsas cerradas. Interesantemente, este efecto disminuía con el tiempo y a medida que las personas se acostumbraban a las canastas.
Fuente: Freakonomics